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Niebla, un nuevo paso

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"Me llamo Mara Black. Nací en Memphis, Tenessee." Esas son las primeras palabras de Lágrimas del pasado , mi primer libro, que vio la luz hace cuatro años. Hoy puedo decir que estoy muy orgullosa de mi primera obra, el relato de una adolescente que descubre el mundo de la brujería y los espíritus.  Hace una semana fue el momento de regresar a un mundo literario del que nunca me fui. He estado escribiendo relatos, poemas y libros. Historias de brujas y hadas, ricos y pobres, vampiros y muertos... Pero ahora os quiero presentar al único que, por ahora, estoy dispuesta a dejar ver la luz. Aunque estoy segura de que ya todos sabéis de su existencia Se llama Niebla. Sí, como el de Unamuno. "Elia Castell, cuyo corazón ensombrecido e inestable ha perdido toda esperanza, tiene por delante un verano sin ninguna expectativa. Pero se equivoca, pues verá de nuevo todos los colores que creía desaparecidos, su monstruo particular volverá a salir de debajo de la c...

Menos que nada

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Reinan el silencio  y el vacío para que no salgan los demonios del Infierno. Escribir no resucita. Entierra. —John Green

Efímera euforia

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La melancolía de una canción lenta en la oscuridad, con la sombra de la euforia que duró solo unos segundos. El mirlo canta, pero es tan negro, tan lóbrego como una melodía triste de piano a medianoche. No existe redención para los malditos, no hay perdón para los niños perdidos que jugaron a ser adultos y extraviaron su alma por el camino. Siento que nuestro "para siempre" haya durado tan poco, pero las almas se mueren a mi lado. Veo miedo, dolor y lágrimas, y nadie hace nada para pararlo. Todos tienen una venda en los ojos, una venda negra y opaca que no se va a romper. Y yo me estoy muriendo por dentro porque mi corazón roto no puede soportar más el peso de este mundo cruel donde las personas buenas sufren y sus verdugos no son castigados como se merecen. Me estoy ahogando en este mundo donde se inflige dolor al débil y nunca hay consecuencias, donde se apaga antes la humanidad que el dolor y la crueldad le lleva ventaja en la carrera a una sonrisa. Todos en el mundo son ...

Relativo

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He aprendido que un  pronto es tan relativo como el tiempo y que un  nunca no es definitivo jamás. Que las ganas de vivir al máximo son más bien efímeras pero la vida son solo unos instantes que desperdicio  pensando en la miseria. Que la medalla de bronce no está tan mal porque al menos he participado en la carrera. Que podría fijarme en las cosas pequeñas: mi canción favorita  en un momento inesperado, un poema inacabado  que no necesita final, la risa de la persona que más me importa. Y puede que el mundo sea gris, oscuro y cruel, y que el nudo sea más complejo a cada momento que pasa y mis ojos empapados digan estoy bien, gracias , pero hay quien me hace recordar cada día que incluso cuando todo parece reducido a cenizas en nuestro cuento siempre queda otro capítulo que contar.

Prisionera

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Puede que ya no haya pasos acechando, pero la libertad no ha llegado y me siento prisionera de mis propios sentimientos. Ciertas heridas cicatrizan, pero esta no. Tengo miedo de no curarme, de no encontrarme nunca, de estar perdida en el laberinto para siempre y que me encuentre el minotauro. Tengo miedo de quedarme estancada en este cementerio lluvioso y sin farolas. Hay demasiada muerte a mi alrededor, demasiados huesos y espíritus que me recuerdan aquello que he perdido y nunca voy a recuperar. Me hacen ser consciente de que vivimos en un mundo cruel donde las personas sufren. Todo el mundo sufre, todo el mundo es inestable, y estoy harta de oír los gritos, de oírme a mí misma gritar y de ver mi reflejo oscurecido por las tinieblas en todas partes. Todo el mundo tiene luz y oscuridad, pero hace muchos años que a mí me obligaron a vivir tras el velo, me obligaron a permanecer en las sombras sin ver el sol ni una sola vez.

Y ahora ¿qué?

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El monstruo ha salido de debajo de la cama. Se ha ido y no va a volver. Pero yo me quedo con la desazón, con esas lágrimas saladas que tienen el tinte rojizo de esa sangre que quiso permanecer dentro de mí, pero que yo obligué a salir afuera. La herida está abierta, supura miedo y dolor y tristeza, y llora porque no recuerda cómo era la piel antes del corte. Y ahora llueve, y va a llover durante toda la guerra. Espero que pronto florezcan los almendros para volver a ver la belleza del mundo, hoy he visto uno. También un rayo de sol. Se acerca el fin de la oscuridad, si bien voy a permanecer en ella durante la guerra. Voy a estar en la penumbra, voy a pensar, voy a gritar y gritar me. Pero no me voy a consumir, no esta vez. Voy a estar bien, eso espero. Siempre hay que esperar. Siempre, siempre, tiene que ver con el tiempo. El tiempo que duró, y el tiempo que voy a tardar en ver los almendros. Pero el tiempo es poderoso, lo cura todo, incluso las heridas más profundas, más sangrantes y ...

Medio vacío

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Es el primer texto del año. Me he tomado mi tiempo esta vez, esperando a sentir nuevas emociones para plasmarlas en palabras que no siempre son las más adecuadas, esa verborrea descontrolada. Pero no he conseguido nada. Quizá ya no quiero tener expectativas para no quedarme con las ganas de haber vivido algo. Prefiero no hablar sobre los nuevos proyectos, sobre esos viajes veraniegos pendientes, sobre esos amores platónicos, sobre esas buenas amistades que hacen a veces de ancla con este mundo, sobre esos conciertos que le dan a una ganas de vivir... A pesar de todo eso, la música triste es mi fiel compañera. Ya no sé si estoy triste, o si  soy triste, porque la bruma no se disipa nunca.  Y las heridas supuran miedo sobre esas cicatrices que ya no sangran, pero que al rozarlas desprenden aquella vieja angustia de la que fui tan amiga. Y aún soy. Nunca olvidaré esas noches de insomnio donde pensaba en cómo iba a salir del pozo. Todavía pienso en ello y en cómo dejar de ver ...