Los aeropuertos
Los aeropuertos nunca duermen. Supongo que es porque los sueños, la esperanza, el conocer y el amor, también, nunca duermen ni descansan. Técnicamente, podría hablaros sobre el ruido, lo pequeño que te sientes en estas enormes y (no siempre) vacías terminales, pero prefiero contaros mi versión. Aquí, los pocos privilegiados que consiguen alcanzar el sueño, se cansan más que los que están despiertos, que, a su vez, se quedan en standby y no responden ni padecen. Y si hay alguien que lo pasa peor que los viajeros, son los trabajadores, ay, pobres búhos sin vida fuera de aquí. De aquí salen y llegan aviones a todas horas, llenos de gente, y alguna persona, de sueños y sueño. Pero la mayoría sonríe. Por eso me gusta. Ver en unas escaleras mecánicas una familia con un cartel de «Bienvenido a casa » o parejas aguantándose las lágrimas al despedirse, a mí, me pagan las horas muertas. Ni siquiera nosotros mismos nos dejamos descansar en el cielo. Silvia Tubío ...