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Mostrando entradas de julio, 2014

Carta a la nada.

Querida nada: Sé que en realidad no existes y que le estoy hablando a quién sabe qué. Sé que, aunque fueses real, lo que estoy diciendo no te interesaría y no me escucharías. Pero necesito hablar. Aunque sea contigo, nada. Tú, sí, tú, ¿por qué demonios no puedes hacer lo que debes? No te odio. Es probable que jamás pueda llegar a odiarte por el sencillo hecho de que eres tú. Me encantaría poder decir que te detesto, pero no puedo. Ojalá hicieses lo que tienes que hacer para que pudiese quererte, y así no mentir cuando te lo digo. No sé si quisiera que mi corazón fuese más ende ble, porque en realidad no me gusta sentirme así, pero me alegro de permanecer impasible en esta cuestión. "El olvido es inevitable", lo sé. Pero nunca pensé que llegaría tan temprano y menos por tu parte. "Es curioso cómo la posibilidad te puede levantar los ánimos. Es curioso cómo la realidad te puede hundir."

La noche de las estrellas.

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Siete de Julio. Tanabata, la festividad de las estrellas. Orihime y Hikoboshi. Vega y Altair. Amantes o estrellas,  siempre separados. Pero un día, hoy, se les concede el poder unirse. Se piden deseos en los árboles de bambú, la fiesta de las estrellas, la fiesta del amor. Se escriben poemas con significados ocultos, o poesía sin significado, ¿qué más da? El placer de escribir. Y se canta, oh, se canta. Se canta a las estrellas para que vuelvan a unirse. «Las hojas de bambú susurran, meciéndose en el alero del tejado. Las estrellas brillan en los granos de arena de oro y plata. La tiras de papel de cinco colores ya las he escrito. Las estrellas brillan, nos miran desde el cielo.»  七夕ハッピー。 

La ciudad de la magia.

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Lo echo de menos. Echo de menos ese lugar en que no sentía la necesidad de escuchar canciones deprimentes para no sentirme tan, tan, tan mal. Echo de menos el lugar en que, mirara por donde mirara, siempre encontraría algo hermoso. El lugar en que podía observar las negras aguas nocturnas del Sena, turbias, pero aún así, mágicas. Es increíble como algo tan sucio puede representar a la vez la belleza y la magia de toda una ciudad. Que tan solo una mirada a esas mágicas aguas, rodeada de risas e idiomas que apenas comprendía, pudiese despojarme de cualquier sentimiento que me hiciese sufrir. Añoro la libertad de la que era presa. Anhelo la belleza del Sena, de Notre Dame, de la Torre Eiffel e incluso anhelo aquel maldito albergue sin wifi y con las almohadas más incómodas del mundo. Y también el Flunch; oh, el Flunch, base de nuestras más sonoras risas. Añoro cualquier lugar de esa ciudad de fantasía. Cantar por las calles como una posesa, grabarlo absolutamente todo. Echo de menos P...