Los aeropuertos
Los aeropuertos nunca duermen.
Supongo que es porque los sueños, la esperanza, el conocer y el amor, también, nunca duermen ni descansan. Técnicamente, podría hablaros sobre el ruido, lo pequeño que te sientes en estas enormes y (no siempre) vacías terminales, pero prefiero contaros mi versión.
Aquí, los pocos privilegiados que consiguen alcanzar el sueño, se cansan más que los que están despiertos, que, a su vez, se quedan en standby y no responden ni padecen. Y si hay alguien que lo pasa peor que los viajeros, son los trabajadores, ay, pobres búhos sin vida fuera de aquí.
De aquí salen y llegan aviones a todas horas, llenos de gente, y alguna persona, de sueños y sueño. Pero la mayoría sonríe. Por eso me gusta. Ver en unas escaleras mecánicas una familia con un cartel de «Bienvenido a casa» o parejas aguantándose las lágrimas al despedirse, a mí, me pagan las horas muertas.
Ni siquiera nosotros mismos nos dejamos descansar en el cielo.
Silvia Tubío
Aeropuerto Charles de Gaulle, París
Aeropuerto Charles de Gaulle, París
28 de junio de 2014

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