Medio vacío

Es el primer texto del año.
Me he tomado mi tiempo esta vez, esperando a sentir nuevas emociones para plasmarlas en palabras que no siempre son las más adecuadas, esa verborrea descontrolada. Pero no he conseguido nada. Quizá ya no quiero tener expectativas para no quedarme con las ganas de haber vivido algo. Prefiero no hablar sobre los nuevos proyectos, sobre esos viajes veraniegos pendientes, sobre esos amores platónicos, sobre esas buenas amistades que hacen a veces de ancla con este mundo, sobre esos conciertos que le dan a una ganas de vivir...
A pesar de todo eso, la música triste es mi fiel compañera. Ya no sé si estoy triste, o si soy triste, porque la bruma no se disipa nunca. Y las heridas supuran miedo sobre esas cicatrices que ya no sangran, pero que al rozarlas desprenden aquella vieja angustia de la que fui tan amiga. Y aún soy. Nunca olvidaré esas noches de insomnio donde pensaba en cómo iba a salir del pozo. Todavía pienso en ello y en cómo dejar de ver el vaso medio vacío.

«Año nuevo, vida nueva». Me da que esta vez no.



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