Vivir cada momento como si fuera el último.
A veces la vida es muy, muy injusta. Lo sé, lo sabes, lo sabemos. Pensamos que tenemos preocupaciones muy importantes, que nuestro mayor problema es un examen para el que apenas nos sabemos la mitad, un chico o una chica que pasa de nosotros, o unas clases que no nos apetecen nada esta tarde. Sin embargo, todas esas preocupaciones insulsas se esfuman cuando aparece de repente el problema más temido. Ahora ese examen carece de importancia cuando pensamos en ese niño que se ha ido sin saberlo y sin poder decir adiós. Esa persona que nos ha dejado. Esos padres a los que ahora les falta un hijo. Esos chicos a los que ahora les falta un hermano. Esa clase a la que ahora le falta un compañero. Todos nos ponemos en el lugar de esa familia rota. Te quedas sentado, sin decir nada, quizá llorando, o quizá no, pero pensando. Pensando todo el rato en ello. Con esa única idea rondándote en la mente... Pero sin decir nada, porque es el silencio o el huracán de palabras sin sentido. ...