Punto final
Tiempo,
qué palabra más siniestra.
El tiempo pasa, y las cosas, las situaciones, pasan también y se marchan con él. Es angustioso esperar algo con un ansia irrefrenable y saber que se va a terminar. Es difícil pensar en el carpe diem cuando todo ocurre tan rápido que en un instante ya se ha acabado. No puedo asimilar que ya hayan pasado los días de gloria.
Han pasado los años, y las personas que he conocido, y las que no he conocido tanto, han crecido y han cambiado. Todos lo hemos hecho. Con el tiempo he aprendido a apreciar a quien debía, y a no tener en mente a quien no.
He aprendido, y desaprendido. Y lo he hecho en dos hogares. En uno de ellos, mi familia es de sangre. En el otro, mi familia me enseña literatura, economía, inglés y también lo que es la vida.
El tiempo ha pasado como un tren veloz a mi lado, lo he visto. Hemos cerrado una etapa, ahora abrimos otra. Todos dicen «ha pasado lo más duro», pero mis lágrimas hoy son porque sé que con ello se ha ido también lo más bonito.
Mi familia que no es de sangre me ha enseñado a vivir, a sonreír cuando no me sentía capaz, a disfrutar del arte, de la libertad que supone, a reír y a volar.
Entre las paredes de ese hogar han sucedido tantas cosas que no se repetirán...
No se repetirán, pero perdurarán para siempre en mi recuerdo, y espero que en el de todas las personas que hoy puedo llamar familia.
(Y también en alguna que otra cámara de vídeo.)
Brindemos por todas las veces que nos caímos, lloramos y nos levantamos para seguir luchando.
Por todas las batallas que perdimos y que debimos ganar.
Por todas las que ganaremos.
Ponemos el punto final a una era, empezamos otra.
Otros días de gloria nos esperan.
qué palabra más siniestra.
El tiempo pasa, y las cosas, las situaciones, pasan también y se marchan con él. Es angustioso esperar algo con un ansia irrefrenable y saber que se va a terminar. Es difícil pensar en el carpe diem cuando todo ocurre tan rápido que en un instante ya se ha acabado. No puedo asimilar que ya hayan pasado los días de gloria.
Han pasado los años, y las personas que he conocido, y las que no he conocido tanto, han crecido y han cambiado. Todos lo hemos hecho. Con el tiempo he aprendido a apreciar a quien debía, y a no tener en mente a quien no.
He aprendido, y desaprendido. Y lo he hecho en dos hogares. En uno de ellos, mi familia es de sangre. En el otro, mi familia me enseña literatura, economía, inglés y también lo que es la vida.
El tiempo ha pasado como un tren veloz a mi lado, lo he visto. Hemos cerrado una etapa, ahora abrimos otra. Todos dicen «ha pasado lo más duro», pero mis lágrimas hoy son porque sé que con ello se ha ido también lo más bonito.
Mi familia que no es de sangre me ha enseñado a vivir, a sonreír cuando no me sentía capaz, a disfrutar del arte, de la libertad que supone, a reír y a volar.
Entre las paredes de ese hogar han sucedido tantas cosas que no se repetirán...
No se repetirán, pero perdurarán para siempre en mi recuerdo, y espero que en el de todas las personas que hoy puedo llamar familia.
(Y también en alguna que otra cámara de vídeo.)
Brindemos por todas las veces que nos caímos, lloramos y nos levantamos para seguir luchando.
Por todas las batallas que perdimos y que debimos ganar.
Por todas las que ganaremos.
Ponemos el punto final a una era, empezamos otra.
Otros días de gloria nos esperan.
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