Querida vida:

Eres como una rueda. Una rueda que gira, gira y sigue girando, trayéndonos personas que se irán o se quedarán, dejándonos recuerdos que al cabo del tiempo olvidaremos, o que quizá siempre perdurarán.

Eres una rueda en la que todo puede pasar, en la que nada podemos cambiar y donde nuestro único amigo es el azar. Nos conviertes en aves de paso, en vagabundos eternos, en prisioneros que se creen libres pero que solamente son marionetas del destino.

Estás repleta de cosas alegres y de cosas tristes. Eres un escenario con luces y sombras, con voces y con simples ecos de nuestras propias palabras. Con actores que interpretan un papel pero que no siempre saben de cuál se trata.

A veces, haces que le pasen cosas realmente terribles a gente realmente increíble, y a veces le pasan cosas increíbles a personas realmente horribles. Desde luego, no siempre eres demasiado justa.

Eres como una montaña rusa que sube y baja, haciendo que nos sintamos mareados, confusos e incluso perdidos entre tanta bruma en algunas ocasiones, y emocionados y eufóricos en otras.


Estás llena de instantes importantes, de miradas que significaron más que miradas y de sonrisas que solamente fueron sonrisas; de momentos malos y buenos; de buenos libros, de canciones extraordinarias, de ideas que solo surgen después de medianoche. De momentos en los que nos sentimos vivos.

Y todo tiene un final. A todo hay que decirle adiós en algún momento, de todo hay que despedirse... Aunque duela.

Amiga, estás llena de despedidas y de momentos finales. 

Pero tú no vas sobre momentos finales, vas sobre los momentos que nos llevan a ellos.


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