Tempus fugit

Realmente asusta el paso del tiempo. Cómo las cosas ocurren sin aprovecharlas y cómo se desvanecen como si no hubiera pasado nada. Cómo las personas que influyeron enormemente en tu vida se marcharon dejando un vacío, y cómo años después sigues hablando de ellas como si las vieras todos los días.

Hace tres años que se terminó y parece que fue ayer cuando me subí a aquel escenario con mi máscara veneciana. Hace tres años que pasó, y siento que fue ayer cuando sentía la magia del teatro corriendo por mis venas. Que comenzaba todo con "La escena es en Venecia, la perla del Adriático...". Hace mucho que compartí mis horas favoritas de la semana con mis personas favoritas del mundo.

Fue hace mucho, aunque no tanto. Parece que no hace nada de aquellos juegos para perder la vergüenza, de aquellas clases de esgrima, de aquel maravilloso monólogo de Shylock interpretado por el mejor profesor del universo. Ese "profe de teatro" que jamás dejará de ser nuestro "profe de teatro".

Duele ver que todo eso ya ha pasado y que nunca volverá, pero después de la tormenta llega la calma, ¿no? Porque entonces aquel profesor al que tanto admirabas te responde a un correo con estas palabras:  No sabéis, o seguramente sí, la ilusión que me hace saber de vosotras y lo que supone para mí todo lo que decís.
Esta vida es tan extraordinaria que desconcierta y sentirse perdido es tan frecuente que abruma, pero esto que me decís es lo que da sentido a tanta confusión. Ver cómo he influido en vosotras es una de las cosas más bonitas que me han pasado y también para mí fue una experiencia muy importante.

Y vuelvo a aquel momento en que entré en el salón de actos para conocerlos a todos, y para comenzar el mejor año de mi vida.


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