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Tempus fugit

Realmente asusta el paso del tiempo. Cómo las cosas ocurren sin aprovecharlas y cómo se desvanecen como si no hubiera pasado nada. Cómo las personas que influyeron enormemente en tu vida se marcharon dejando un vacío, y cómo años después sigues hablando de ellas como si las vieras todos los días. Hace tres años que se terminó y parece que fue ayer cuando me subí a aquel escenario con mi máscara veneciana. Hace tres años que pasó, y siento que fue ayer cuando sentía la magia del teatro corriendo por mis venas. Que comenzaba todo  con "La escena es en Venecia, la perla del Adriático...".  Hace mucho que compartí mis horas favoritas de la semana con mis personas favoritas del mundo. Fue hace mucho, aunque no tanto.  Parece que no hace nada de aquellos juegos para perder la vergüenza, de aquellas clases de esgrima, de aquel maravilloso monólogo de Shylock interpretado por el mejor profesor del universo. Ese "profe de teatro" que jamás dejará de ser nuestro "prof...

La caída

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Algunas personas vuelan, otras se caen, despegan o se quedan. Las esperanzas caen y mueren, se desprenden  como si fueran hojas, desaparecen. Las lágrimas fluyen,  se deslizan, duelen creyéndose   gotas escarlatas acuchillando mi cara. No soy un ángel, nunca lo fui. Pero creí que podía y al final mis alas se quebraron y me caí. Me gustaría sentir que yo, junto con mis esperanzas, también muero, y desaparezco. Pero no es así, porque continúo sintiendo las gotas escarlatas, las esperanzas muriendo y la caída desde el cielo.

El tiempo no se detiene por nadie

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Me aterra el paso del tiempo, porque veo que transcurren  las horas como si nada, y los días, y las semanas, y los años, y no he hecho nada que pueda destacar. Y el tiempo pasa, y los trenes también pasan, y las campanadas que dan la bienvenida a un nuevo año siguen sonando, y los fuegos artificiales continúan estallando con sus sonidos ensordecedores, y las personas que conozco  y las que no conozco crecen, y cambian, y yo aún sigo siendo yo, y no soy nada, y el tiempo no se detiene  ni por ti, ni por mí,  ni por nadie, esperando a que tú, o yo, o alguien se convierta en algo. Y la vida pasa y  llegará un momento en que todos regresaremos al polvo y nadie nos recordará.

Solo

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"Uno siempre está solo, pero a veces, está más solo." Solo, una palabra que lo significa todo. Cuando las luces mueren y la oscuridad acecha, cuando el frío aparece y el corazón espera. Y espera. Y espera. Y espera... Cuando los ecos se aglomeran a su alrededor, cuando las sombras le dicen "hola", pero no "adiós". Y se quedan. Quiere hablar más alto, pero solo oye un susurro. Y aunque desea gritar, solo puede mantenerse oculto. Lleva mucho tiempo vagando, no tiene hogar. Y llorando, camina hacia la nada sin parar. No puede hacer más que caer sin que nadie lo vea, sin que nadie se percate y lo salve. Sin que nadie se presente y lo quiera. Cae, y cae, y cae. Y toca fondo. Y piensa que  no puede hundirse más... Y entonces, sigue cayendo... Solo. Mientras las sombras se burlan de él y de su cansado aliento.

Carta a la nada.

Querida nada: Sé que en realidad no existes y que le estoy hablando a quién sabe qué. Sé que, aunque fueses real, lo que estoy diciendo no te interesaría y no me escucharías. Pero necesito hablar. Aunque sea contigo, nada. Tú, sí, tú, ¿por qué demonios no puedes hacer lo que debes? No te odio. Es probable que jamás pueda llegar a odiarte por el sencillo hecho de que eres tú. Me encantaría poder decir que te detesto, pero no puedo. Ojalá hicieses lo que tienes que hacer para que pudiese quererte, y así no mentir cuando te lo digo. No sé si quisiera que mi corazón fuese más ende ble, porque en realidad no me gusta sentirme así, pero me alegro de permanecer impasible en esta cuestión. "El olvido es inevitable", lo sé. Pero nunca pensé que llegaría tan temprano y menos por tu parte. "Es curioso cómo la posibilidad te puede levantar los ánimos. Es curioso cómo la realidad te puede hundir."

La noche de las estrellas.

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Siete de Julio. Tanabata, la festividad de las estrellas. Orihime y Hikoboshi. Vega y Altair. Amantes o estrellas,  siempre separados. Pero un día, hoy, se les concede el poder unirse. Se piden deseos en los árboles de bambú, la fiesta de las estrellas, la fiesta del amor. Se escriben poemas con significados ocultos, o poesía sin significado, ¿qué más da? El placer de escribir. Y se canta, oh, se canta. Se canta a las estrellas para que vuelvan a unirse. «Las hojas de bambú susurran, meciéndose en el alero del tejado. Las estrellas brillan en los granos de arena de oro y plata. La tiras de papel de cinco colores ya las he escrito. Las estrellas brillan, nos miran desde el cielo.»  七夕ハッピー。 

La ciudad de la magia.

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Lo echo de menos. Echo de menos ese lugar en que no sentía la necesidad de escuchar canciones deprimentes para no sentirme tan, tan, tan mal. Echo de menos el lugar en que, mirara por donde mirara, siempre encontraría algo hermoso. El lugar en que podía observar las negras aguas nocturnas del Sena, turbias, pero aún así, mágicas. Es increíble como algo tan sucio puede representar a la vez la belleza y la magia de toda una ciudad. Que tan solo una mirada a esas mágicas aguas, rodeada de risas e idiomas que apenas comprendía, pudiese despojarme de cualquier sentimiento que me hiciese sufrir. Añoro la libertad de la que era presa. Anhelo la belleza del Sena, de Notre Dame, de la Torre Eiffel e incluso anhelo aquel maldito albergue sin wifi y con las almohadas más incómodas del mundo. Y también el Flunch; oh, el Flunch, base de nuestras más sonoras risas. Añoro cualquier lugar de esa ciudad de fantasía. Cantar por las calles como una posesa, grabarlo absolutamente todo. Echo de menos P...